CRÓNICAS

El pentecostalismo en clave histórica y social Ikumeni

¿De dónde viene el pentecostalismo y cuáles son sus rasgos?

Jhon Martínez

Asesor teológico en Ikuméni. Economista, teólogo, pastor de Asambleas de Dios en Colombia.
Miembro del equipo de Religión y Desarrollo de CREAS.

La figura más emblemática en la historia del pentecostalismo ha sido William Joseph Seymour (1870-1922), quien en 1906 organizó las primeras reuniones pentecostales distinguidas por ritos que exaltaban el fervor religioso, la enseñanza sobre la vigencia del Bautismo en el Espíritu Santo y la práctica del don de hablar en lenguas o “glosolalia”. De esta manera, Saymour logró consolidar una congregación que se empezó a reunir en una vieja edificación, en Azusa Street, ciudad de Los Angeles, California. 

Integración racial

Las reuniones de Seymour se caracterizaron por otros rasgos peculiares para la época, por ejemplo, se formaban por personas de diferentes razas quienes en medio de los ritos se abrazaban rompiendo las barreras racistas que dividían la sociedad estadounidense y lo hacían bajo la influencia predominante de la espiritualidad afro. Como sostiene el teólogo e historiador pentecostal Juan Sepúlveda del Servicio Evangélico para el Desarrollo – Sepade, de fondo, los creyentes participaban de la adoración en el culto conforme a sus propios parámetros culturales y derribando los condicionamientos religiosos y sociales (Sepúlveda, 2003, pág. 15). El investigador Florencio Galindo subraya que en la comunidad pentecostal tenían igual dignidad “el obispo blanco como el obrero negro, el hombre como la mujer, el profesor blanco como el inmigrante asiático, mejicano o la lavandera” (Galindo, 1992, pág. 158), este no es un dato menor dado el contexto de la época marcado por la segregación. 

Marginalidad económica

Otro rasgo de las primeras comunidades pentecostales es la marginalidad económica, pues vivían en barrios pobres, en los que prevalecían viviendas subnormales, desnutrición, amenazas de salud, entre otras marginalidades. Cecil Robeck, del Seminario Teológico Fuller, afirma que los pentecostales a principios del siglo XX representaban la más baja clase social y la población desposeída en las esferas culturales, escolares, políticas, eclesiásticas y financieras de las que cuestionaban sus estructuras e instituciones que desde esa espiritualidad eran consideradas como incapaces de cambiar (Robeck, 2009, pág. 72).

Fraternidad, esperanza y resistencia

Robeck señala otro rasgo al afirmar funcionaban como grandes familias o grupos de encuentros en barracas y viviendas pobres. Recalcaban la sanación personal, cambiaban el estilo de vida, desarrollaban relaciones de fraternidad y entregaban esperanza para el futuro” (Robeck, 2009, pág. 72). Las comunidades pentecostales han sido fuente de fraternidad, esperanza y resistencia a personas que sistemáticamente carecían de posibilidades para vivir plenamente. Con respecto a la resistencia Walter Hollenweger, historiador  del pentecostalismo, señala la forma en que algunos pentecostales afroamericanos participaron en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos (Hollenweger, 1976, págs. 15-27). 

Derramamiento del Espíritu Santo

Junto al “avivamiento de la calle Azuza” se dio un brote pentecostal paralelo en la India. Rama Dongre (1858-1922), quien se dio a conocer como Pandita Ramabai. El origen del pentecostalismo en la India remite a la participación de esta lideresa en 1898 en la reunión anual de cristianos evangélicos denominada Convención de Keswick, originada desde 1875 por líderes anglicanos y cuáqueros. Dicha convención ha sido un antecedente del movimiento pentecostal debido a que se enfocó en la acción del Espíritu Santo. Motivada por la experiencia en Keswick, Pandita Ramabai buscó un derramamiento del Espíritu Santo en su tierra, para lo cual organizó grupos de oración, entre los que se dio el avivamiento en 1905, el cual se propagó por diferentes lugares de la India (Sepúlveda, 2003, pág. 23).

Santificación 

Sumado a los lugares mencionados, en Chile se dio otro proceso simultáneo y autónomo del origen del pentecostalismo a principios del siglo XX. El pentecostalismo chileno mantuvo un fuerte vínculo con la doctrina wesleyana de la santificación con sus implicaciones sobre la vida personal, social y misional. Esta doctrina en territorio latinoamericano supo traducirse al lenguaje popular, pues de acuerdo a la investigación clásica del sociólogo Lalive D’Epinay, el pentecostalismo atrajo predominantemente a las clases populares tanto de los suburbios de las grandes ciudades, como de poblaciones rurales marginales de raíz campesina (Lalive d’Epinay, 1968, pág. 69).

Los articulos publicados en Ikuméni tienen como fin promover la reflexión y una mirada ecuménica e interreligioso. Los textos reflejan las opiniones de su autor.

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