Treinta y cuatro jóvenes de distintas tradiciones de fe de América Latina y el Caribe se reunieron en Buenos Aires para reflexionar sobre el papel de las comunidades religiosas en la construcción de paz, compartir experiencias de cooperación y fortalecer redes de confianza.
En un contexto regional atravesado por la polarización, la fragmentación social y las dificultades para construir acuerdos, el diálogo entre distintas tradiciones religiosas puede convertirse en una herramienta para fortalecer la convivencia y promover respuestas compartidas frente a los desafíos de nuestras sociedades.
Esta fue una de las principales reflexiones del Encuentro Regional Ikuméni 2026, realizado del 21 al 24 de octubre en Buenos Aires, bajo el lema “Tejer redes, construir paz”. Participaron 34 jóvenes líderes de 11 países de América Latina y el Caribe, formados en el Laboratorio de Buenas Prácticas Ecuménicas e Interreligiosas de Ikuméni. Cuatro días ricos de trabajo, con jóvenes de 9 denominaciones cristianas, y de las tradiciones musulmana y judía fueron parte de los espacios de intercambio interreligioso.
El encuentro propuso profundizar una convicción: las comunidades de fe pueden contribuir a la cohesión social cuando transforman sus valores y convicciones en prácticas de escucha, diálogo, solidaridad y cooperación.
El diálogo entre religiones: una respuesta frente a la polarización
Las diferencias religiosas, culturales y sociales no tienen por qué convertirse en motivos de división. Por el contrario, el encuentro y el conocimiento mutuo pueden abrir caminos para reconocer una humanidad compartida, construir confianza y generar vínculos capaces de trascender prejuicios y antagonismos.
Durante el encuentro, Elena López Ruf, investigadora y miembro del equipo de CREAS, compartió una reflexión sobre el aporte de las religiones a la cohesión social y la construcción de paz. La conversación permitió profundizar en el potencial de las comunidades religiosas para promover relaciones de confianza y contribuir a una convivencia más fraterna.
Así se señaló que, aunque la cohesión social suele asociarse con la integración, no existe una única definición y su fortalecimiento implica reducir la fragmentación y cuidar el tejido social. También invitó a recuperar la presencia de las religiones en esta conversación, reconociendo que sus comunidades movilizan capacidades, redes y recursos que pueden contribuir a unir, aunque también pueden dividir.
La reflexión puso especial atención en el poder de las narrativas: las historias que compartimos generan sentido, transmiten valores y ayudan a dar forma a aquello que una comunidad reconoce como propio. Cuando se construyen desde la esperanza y la apertura, pueden orientar acciones, estimular la imaginación y ofrecer un horizonte común. En ese sentido, las narrativas de paz permiten reconocernos en una humanidad compartida y abrir posibilidades de encuentro más allá de las diferencias.
En este marco, la rabina Silvina Chemen, Directora del Centro de Diálogo Interreligioso del Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall Meyer y vicerrectora del Instituto Universitario Abarbanel, invitó a reflexionar sobre cómo sanar la polarización a través de la humanidad compartida. Su exposición, titulada “Del reflejo de cerrar puertas al acto de abrir caminos”, puso el acento en la posibilidad de construir puentes aun en contextos de profundas diferencias.
En su charla, la rabina retomó la importancia y el poder que tienen las narraciones a la hora de pensarnos como sociedad, y de pensar en una construcción de paz que nos incluya a todos. Señaló que “cambiar la historia es a veces más importante que cambiar las condiciones”, también se refirió a cómo los algoritmos y las narraciones que nos presentan moldean nuestras interacciones en línea, restringiendo el acceso a ideas alternativas, generando cámaras de eco y afectando el compromiso y la interacción social. “¿Cómo accedo yo a ese otro que aparentemente es el universo del otro lado, a sus ideas? Si no me dejan, no accedo, no llego. No llego porque lo que me dicen del otro es lo que el algoritmo pretende que yo tenga para odiarlo más, para ponerlo más afuera de mí, para poner una barrera más grande. Estamos perdiendo la posibilidad de llegar al conocimiento del otro y no nos estamos dando cuenta”.
Los jóvenes presentaron realizaciones concretas en sus territorios que muestran cómo ese compromiso puede traducirse en acciones. Entre ellas, iniciativas impulsadas por el Centro Alba, el Congreso Judío Latinoamericano y el proyecto interreligioso Mosaico, nacido de ambas organizaciones junto con el Movimiento de los Focolares, en Argentina. Y desde la zona andina, las buenas prácticas diseñadas por jóvenes de Ikuméni: Hilos de Dignidad, desarrollada en Perú; y una experiencia de comunicación intergeneracional con pueblos originarios de las comunidades de Ilincho, Lagunas y Tuncarta, en Ecuador.
La Obispa Lizzette Gabriel Montalvo (obispa metodista de Puerto Rico, presidenta del Concilio de Obispos/as y Presidentes de CIEMAL), al cierre de la primera jornada, reconoció en las nuevas generaciones una fuente de esperanza y apertura, capaz de crear espacios donde todas las personas tengan lugar, aun cuando piensen o miren la realidad de manera diferente. Alentó a los jóvenes a convertirse en agentes de cambio frente a las violencias que atraviesan las comunidades y a las pequeñas violencias de la vida cotidiana, para seguir construyendo comunidades de amor y una cultura de paz.
En el marco del encuentro, se visitaron y encontraron con distintas comunidades y tradiciones religiosas, entre ellas la comunidad judía de la sinagoga Mishkan, la experiencia interreligiosa del Movimiento de los Focolares, referentes del budismo tibetano en Argentina y la Iglesia Presbiteriana San Andrés. Estos espacios permitieron acercarse a distintas experiencias espirituales y reconocer puntos de encuentro desde el respeto por la diversidad.
De los valores de la fe a la cooperación concreta
Las tradiciones religiosas cuentan con enseñanzas, valores y recursos espirituales que pueden inspirar procesos de transformación personal, comunitaria y social. La escucha, la solidaridad, la fraternidad y el compromiso con el otro son algunos de los principios que pueden impulsar acciones compartidas más allá de las propias comunidades.
Pero para que ese potencial se traduzca en cambios concretos, es necesario fortalecer la cooperación entre iglesias, comunidades de fe y organizaciones de la sociedad civil.
Esta dimensión estuvo presente en el intercambio de los jóvenes con la obispa Mariel Pons, de la Iglesia evangélica metodista argentina, presidenta de la Comisión Ecuménica de Iglesias Cristianas en Argentina (CEICA); el Presbítero Carlos White, Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo, el Islam y las Religiones de la Conferencia Episcopal Argentina (CEERJIR); y la economista Cristina Calvo.
La conversación abordó los desafíos y las oportunidades del diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa en América Latina y el Caribe. Los tres invitados hicieron hincapié en la importancia de las palabras y el diálogo al momento de construir vínculos, y cómo esos vínculos deben ser sostenidos y fortalecidos a través de redes de cuidado. El presbítero Carlos White hizo un llamado a la responsabilidad social de las religiones, no sólo a comunicar las creencias y la fe, sino a llevar humanidad y hospitalidad a los lugares donde los vínculos se han roto.
El desafío es generar articulaciones que permitan responder de manera conjunta a las necesidades de las comunidades, fortalecer las redes de confianza y contribuir a la cohesión social en los territorios. En este sentido, el diálogo no se limita al intercambio de ideas o al reconocimiento de las diferencias: puede ser también el punto de partida para desarrollar iniciativas y compromisos compartidos.
Como señaló Horacio Mesones, Director Ejecutivo del Centro Regional Ecuménico de Asesoría y Servicio (CREAS), las iglesias y comunidades de fe tienen un papel fundamental en la superación de las polarizaciones y la fragmentación social, así como en la construcción de paz. Desde Ikuméni, destacó la apuesta por formar una generación de jóvenes líderes capaces de promover el diálogo y la cooperación, fortalecer el tejido social e impulsar iniciativas de impacto en sus comunidades y en la esfera pública.
Jóvenes líderes: protagonistas de la construcción de paz
La construcción de sociedades más cohesionadas requiere de jóvenes capaces de tender puentes, generar espacios de encuentro y movilizar a sus comunidades en torno a objetivos comunes.
Los ecos de los jóvenes dieron cuenta de cómo estos aprendizajes se conectan con sus realidades. Juan Lucas destacó que conocer los aportes de distintas religiones enriqueció su comprensión de la construcción de paz y reforzó la importancia de construir juntos, más allá de la polarización. Agustina señaló que se llevaba herramientas para facilitar el diálogo y esperanza para seguir promoviendo espacios seguros y fortaleciendo la confianza en su comunidad, incluso frente a discursos intolerantes y fundamentalistas.
Laura Camila expresó que, más allá de las distintas tradiciones, existen principios y anhelos compartidos “el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien común” que permiten trabajar juntos por aquello que mejora la vida de quienes nos rodean. Sus testimonios reflejan el compromiso de convertir el encuentro en vínculos y acciones concretas.Los jóvenes de fe son más que destinatarios de propuestas formativas: son protagonistas de procesos de transformación social. Sus experiencias en distintos territorios, el trabajo con sus comunidades y la posibilidad de vincularse con personas de otras tradiciones religiosas dan cuenta de las oportunidades de cooperación que enriquecen la acción efectiva y dan respuestas esperanzadoras frente a los desafíos locales.El Encuentro Regional permitió compartir aprendizajes, identificar capacidades, reconocer desafíos comunes, fortalecer vínculos para crear nuevas redes entre jóvenes que ya impulsan iniciativas de fraternidad y cooperación en América Latina y el Caribe. También abrió nuevas posibilidades para llevar esas experiencias a otros espacios que trasciendan las fronteras de cada comunidad.
En el diálogo con los jóvenes, Humberto Shikiya, director general emérito de CREAS y Premio Mundial Metodista de la Paz 2026, invitó a asumir una presencia de “levadura crítica” en la sociedad: una participación capaz de discernir los discursos y prácticas que alimentan la polarización, cuestionar aquello que excluye y, al mismo tiempo, aportar activamente a la construcción de confianza, fraternidad y paz.
Ikuméni: conectar, formación, buenas prácticas de cooperación y Paz
“Tejer redes, construir paz” expresa así un horizonte de trabajo que va más allá del encuentro entre distintas tradiciones religiosas: se trata de fortalecer vínculos de confianza y convertir el diálogo en cooperación, donde los jóvenes de fe impulsan iniciativas que contribuyen a la construcción de sociedades fraternas, restaurando el tejido social y promoviendo la paz.



























