En línea con la misión de Ikuméni de promover el encuentro entre personas de distintas tradiciones religiosas, la académica Rocío Cortés presenta el “Razonamiento de la Escritura” como una metodología capaz de enriquecer el diálogo interreligioso. A través de la lectura compartida, la escucha y el reconocimiento de las diferencias, esta práctica permite derribar prejuicios, aprender de la experiencia del otro y abrir caminos concretos hacia una convivencia más respetuosa y pacífica.
En un contexto global marcado por la polarización y la falta de entendimiento entre culturas, Rocío Cortés Rodríguez – doctora en teología, académica de la Universidad Católica de Chile – , ha destacado la urgencia de profundizar en el diálogo interreligioso como una herramienta para la convivencia social y la construcción de la paz mundial.
Tras una trayectoria que incluye estudios en Finlandia sobre las religiones abrahámicas y un doctorado en la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) centrado en «Mundo de Religiones y Mundo de Iglesias», Cortés promueve la metodología del “Razonamiento de la Escritura” (Scriptural Reasoning) como el camino para la construcción de la paz.
Esta metodología reúne a creyentes de diferentes religiones alrededor de sus textos sagrados para dialogar, escuchar y comprender al otro bajo una temática actual. Para la especialista, el verdadero cambio social empieza cuando se aceptan las diferencias como oportunidades para aprender y derribar prejuicios.
Invitación a las nuevas generaciones
Para Rocío Cortés, las nuevas generaciones tienen un papel fundamental en la promoción del diálogo interreligioso.
Las experiencias impulsadas por Ikúmeni, como el 2º Ciclo Interreligioso que reúne a jóvenes de distintos países y tradiciones religiosas, muestran que es posible crear espacios donde hacer preguntas, compartir convicciones y descubrir que las diferencias no tienen por qué convertirse en motivo de enfrentamiento.
Junto a Rocío Cortés, jóvenes judíos, cristianos y musulmanes de América Latina y Caribe vivieron la experiencia de la metodología del Razonamiento de la Escritura. Una propuesta sencilla y transformadora. Porque, como afirma Cortés, la paz comienza cuando somos capaces de reconocer la individualidad del otro antes que aquello que nos diferencia.
El origen del “Razonamiento de la Escritura”
El Razonamiento de la Escritura nació en el siglo XX como una respuesta al Holocausto sufrido por la comunidad judía. Tras la Shoá, un grupo de académicos judíos comenzó a preguntarse cómo reconstruir el diálogo con otras comunidades religiosas y cómo leer nuevamente sus propias Escrituras a la luz de aquella tragedia.
Ese ejercicio de reflexión conjunta dio origen al «razonamiento textual», una práctica de lectura compartida de la Torá que, con el paso de los años, despertó el interés de académicos cristianos y, posteriormente, musulmanes.
“¿Cuál es la idea? Encontrarse en torno a un tema común, por ejemplo, migración, y leer ese tema a partir de lo que dice el judaísmo, el cristianismo y el islam, pero desde sus Escrituras sagradas. Entonces, ya tiene un valor porque se está poniendo algo que es muy preciado para estas tres comunidades al servicio del diálogo” afirma Cortés.
Claves del “Razonamiento de la Escritura”: Comprender antes que convencer
Una de las principales características del método es que no busca alcanzar consensos mutuos ni demostrar quién tiene razón. «El objetivo no es uniformarnos ni convertirnos, sino conocernos y aprender de la experiencia del otro», explica Cortés.
Durante cada encuentro, los participantes leen pasajes de la Biblia hebrea, el Nuevo Testamento o el Corán vinculados a un mismo tema (como la paz, la hospitalidad, la justicia o la migración) y comparten las preguntas e interpretaciones que surgen de la lectura.

Diferencias entre el diálogo ecuménico, intrareligioso e interreligioso
Durante la entrevista, la académica hizo una distinción entre el diálogo intrareligioso, el diálogo ecuménico y el diálogo interreligioso, conceptos que con frecuencia suelen confundirse.
El diálogo intrarreligioso se produce dentro de una misma tradición religiosa y favorece el encuentro entre sus distintas corrientes, comunidades y formas de vivir la fe. Mientras que el diálogo ecuménico busca la unidad entre las diferentes confesiones cristianas, el diálogo interreligioso persigue “aprender no solo de nosotros, sino también de la experiencia de los otros”.
Ese aprendizaje, señaló, tiene consecuencias que trascienden el ámbito de la fe y alcanzan la convivencia social. «El Papa Francisco siempre vinculó el diálogo interreligioso al desarrollo de la paz. Siempre hubo un vínculo casi directo entre hacer diálogo interreligioso y trabajar por la paz mundial» afirma Cortés.
Por ello, explicó que incluso en momentos de oración compartida resulta fundamental respetar las diferencias. «Cuando estamos con creyentes de distintas religiones es mejor hacer oraciones en paralelo o por turnos, respetando la individualidad del Dios a quien se le reza».
La hospitalidad como clave del diálogo
Más que una técnica, el “Razonamiento de la Escritura” propone una actitud concreta: ser hospitalario con el prójimo. En otras palabras, abrirse para poder conocer las creencias del otro y, al mismo tiempo, aceptar entrar en un mundo con ideas diferentes.
Ese ejercicio implica muchas veces exponerse a la incomodidad, dejarse interpelar y reconocer que aprender supone un desafío para las propias certezas. «La tensión también nos permite crecer», sostiene la académica. También recuerda que, “en la medida que va pasando el encuentro, uno se va relajando, lo va pasando bien, lo va disfrutando”. El resultado para conseguir la paz casi siempre pasa por exponernos a lo distinto.
Para la investigadora, ese tipo de experiencias demuestra que el diálogo no solo transmite conocimientos religiosos, sino que transforma la manera de mirar al otro.
Ecos de los jóvenes del 2º Ciclo Interreligioso y su experiencia con esta metodología
Los testimonios de quienes participaron en el 2º Ciclo Interreligioso muestran cómo el encuentro puede transformar la manera de comprender y relacionarse con los demás. Para los jóvenes, fue “un tiempo maravilloso y muy llamativo para aprender a escuchar las opiniones de cada uno” y descubrir que el diálogo permite encontrar “más puntos en común de los que imaginábamos”.
A lo largo de la experiencia, reconocieron que, el judaísmo, el cristianismo y el islam comparten valores esenciales como la compasión, la empatía y el cuidado de los demás. “La diversidad religiosa no tiene por qué separarnos, sino que puede acercarnos más”, expresó uno de los participantes.
Los encuentros también permitieron comprender que la empatía no significa pensar de la misma manera, sino abrirse verdaderamente a escuchar y dejarse interpelar por la experiencia del otro. Como resumió otro de los jóvenes: “Estoy aprendiendo no solo a sentir, sino también a actuar”. Así, el diálogo interreligioso se convierte en una experiencia que no solo amplía la mirada, sino que impulsa a llevar la escucha, la comprensión y la compasión a la vida cotidiana.
En tiempos donde prima la radicalización de las posiciones, el “Razonamiento de la Escritura” propone crear un espacio cuidado para leer juntos los textos sagrados, escucharse recíprocamente y aprender a dialogar. Un ejercicio de hospitalidad que permite derribar prejuicios, comprender otras miradas y reconocer que la construcción de la paz comienza desde el encuentro con cada persona.



