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CRÓNICAS

Jóvenes judíos, musulmanes y cristianos decubrimos valores en común: la hospitalidad, la empatía, la paz y la cooperación

Segunda edición del Ciclo Interreligioso de Ikuméni: “Jóvenes de Fe, Artesanos de la Paz”

 

¿Qué sucede cuando jóvenes judíos, musulmanes y cristianos de distintos países de América Latina nos encontramos para hablar de nuestras creencias, compartir nuestras preguntas y escuchar las experiencias de otros?

Durante el mes de mayo de 2026, 96 jóvenes musulmanes, judíos y cristianos de 23 países de América Latina participamos en la segunda edición del Ciclo Interreligioso de Ikuméni: “Jóvenes de Fe, Artesanos de la Paz”, una iniciativa impulsada por CREAS Contó con la certificación del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) y la Corporación Universitaria Reformada (CUR).  A su vez contó con la colaboración del Centro de Diálogo Intercultural Alba y el Congreso Judío Latinoamericano,  

 A lo largo de cuatro encuentros, construimos una convicción compartida: el diálogo es un camino posible y necesario para construir paz en un mundo marcado por la polarización, los prejuicios y la violencia.

A través de la metodología de “Razonamiento de la Escritura”, el trabajo en grupos pequeños, la lectura conjunta de los respectivos textos sagrados y el intercambio de experiencias, descubrimos valores compartidos en las tradiciones abrahámicas: la hospitalidad, la empatía, la paz y la cooperación.

La invitación a ser «artesanos de paz» retoma una expresión muy presente en el magisterio del Papa Francisco, quien insistió en la necesidad de construir la paz en “las pequeñas cosas de cada día, pero apuntando al horizonte de toda la humanidad”. Al mismo tiempo, comparte el actual llamado del Papa León XIV a promover una “paz desarmada y desarmante”, capaz de generar encuentro “que nace de la apertura personal”. Mensajes que han inspirado el recorrido que realizamos en Ikuméni. Una invitación que resuena desde nuestras propias tradiciones de fe. 

HOSPITALIDAD: Aprender a recibir al otro

El ciclo  fue una invitación a reflexionar sobre la hospitalidad como una forma de liderazgo para fortalecer el tejido social y contribuir a la consolidación de comunidades y sociedades de paz. Así, la paz no es sólo una tarea exclusiva de líderes políticos o diplomáticos, sino una responsabilidad de cada uno en la promoción de una cultura de la paz, que se nutre de la manera de relacionarnos con quienes son diferentes de uno o de otros grupos

En este marco, asumimos un “Decálogo del Diálogo” basado en el amor y el respeto como regla de oro inscrita en los libros sagrados de todas las religiones, y que en la práctica se  nos dispuso a la escucha activa, la apertura al otro, la acogida, y la construcción de nuevos entendimientos y espacios comunes de encuentro.

Algunos referentes religiosos y de distintas organizaciones nos ayudaron a entender mejor el por qué de este ciclo.

Monseñor Lizardo Estrada, representante del CELAM, augurando en hebreo, árabe y castellano: “Shalom, Salam, Paz y Bien”, retomando el concepto de “paz artesanal”, nos invitó a abrir caminos de encuentro en medio de contextos divididos, una construcción colectiva que requiere paciencia, compromiso,  labor cotidiana.

Por su parte, Milton Mejía, de la Universidad Reformada de Colombia, nos expresó que el diálogo sigue siendo el único camino posible frente a las lógicas de confrontación y exclusión. “La paz es un ejercicio práctico que se construye diariamente con el cuerpo y la mente”.

 Horacio Mesones, director ejecutivo de CREAS, describió a este Ciclo como un «mosaico vivo» de colores, contextos y espiritualidades, afirmando que esta pluralidad es su mayor fortaleza.

EMPATÍA: Descubrir al otro en su propia tadición de fe 

En este segundo ciclo aprendimos que la empatía es un valor compartido en los textos de las tradiciones judía, cristiana y musulmana y lo pudimos comprobar con una experiencia.

Guiados por Rocío Cortés Rodríguez, doctora en Teología por la Universidad de Notre Dame y magíster en Teología por la Universidad de Helsinki, académica en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile y presidenta de la Asociación de Diálogo Interreligioso de Chile (ADIR), trabajamos en grupos mediante la metodología de Razonamiento de la Escritura. A través de ella,  personas de distintas tradiciones religiosas se encuentran y dialogan sobre alguna temática común, leyendo juntas un texto sagrado de cada tradición e intercambian sus pensamientos sobre ese tema. 

Esta experiencia grupal -que, en general se realiza en forma presencial,- en el Ciclo interreligioso vinculó a decenas de jóvenes de toda América Latina en un espacio virtual, de acogida y hospitalidad, con la lectura y escucha de los textos sagrados del Judaísmo, Islam y Cristianismo. Se transformó -con palabras de Rocío Cortés- en “una experiencia inédita”.  

Más que buscar acuerdos, esta metodología busca escuchar cómo las personas de cada tradición interpretan y viven sus valores en la vida cotidiana. Esto nos permite descubrir nuevas visiones que antes podíamos desconocer. Comprendemos que, aunque nuestras tradiciones religiosas son distintas, encontramos en cada una de ellas semillas de compasión y empatía que nos animan a abrirnos a comprender la experiencia del otro, a valorar a cada persona y conocer su tradición de fe.

PAZ: Construir desde el encuentro

A través de la lectura de textos del Corán, los Evangelios y las Escrituras hebreas, descubrimos que las tres tradiciones comprenden la paz no solo con la ausencia de violencia, sino también con la justicia, la reconciliación y el cuidado de los demás y de todo lo creado.

Las lecturas de cada texto fueron recitadas en sus lenguas originales (árabe, hebreo y griego koiné) antes de ser leídas también en español. Para muchos, fue la primera vez que escuchaban la lectura de los textos seleccionados leídos en su idioma original, una experiencia de riqueza cultural y religiosa muy valiosa y significativa.  

Nos llevamos también el aprendizaje que el diálogo interreligioso no siempre es cómodo. Escuchar creencias distintas, cuestionar prejuicios o descubrir aspectos desconocidos de otras tradiciones puede generar tensiones e interrogantes. Sin embargo, para muchos de los que participamos descubrimos por primera vez que podemos también compartir con personas pertenecientes a otras tradiciones religiosas preocupaciones, valores y búsquedas muy similares.

Así, comprendimos que, para construir la paz, a veces es necesario estar dispuestos a atravesar la incomodidad que supone el encuentro genuino con el otro.

COOPERACIÓN: Del diálogo a la acción

Lo anterior nos llevó a hacernos una posible pregunta: ¿es viable convertir todo lo aprendido en acciones concretas?

La respuesta llegó de la mano de experiencias impulsadas por jóvenes que ya están realizando iniciativas de diálogo y cooperación interreligiosa en distintos lugares de América Latina. Así, se compartieron las experiencias de “Mosaico”, la “Carpa del Encuentro”, y de Ikuméni.

Mosaico”, es ua iniciativa que se realiza en  Buenos Aires impulsada conjuntamente porel Movimiento de los Focolares y el Centro intercultural Alba, y que hoy reúne también a  jóvenes musulmanes, judíos y cristianos para generar un espacio de encuentro fraterno, de conocimiento mutuo y ayuda recíproca, y actividades comunitarias.

También conocimos la experiencia de la “Carpa del Encuentro”, desarrollada durante el Rover Moot Scout de Scouts Argentina, donde miles de jóvenes pudieron acercarse a conocer a jóvenes distintas tradiciones religiosas mediante talleres, conversaciones y actividades compartidas. Un espacio donde los jóvenes de Ikuméni también estuvieron presentes. 

Los jóvenes participantes del Laboratorio de Buenas Prácticas Ecuménicas e Interreligiosas de Ikuméni compartieron  la experiencia de 4 meses a lo largo del itinerario formativo y el diseño de sus buenas prácticas  de cooperación ecuménica e interreligiosa para la construcción de paz.

Una experiencia que continua abriendo caminos 

Esta segunda edición del Ciclo Interreligioso de Ikuméni toma como punto de partida el camino iniciado por la primera edición. Los encuentros vividos este año nos aportan nuevos aprendizajes y nuevas relaciones que continúan creciendo más allá de los espacios sincrónicos.

Los ecos compartidos por quienes participamos  de este segundo Ciclo Interreligioso resumen con claridad lo vivido:

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